



ECONOMÍA · Noticia
La petrolera estatal venezolana mantiene operaciones en varios campos, pero pasa a ser sobre todo contratante y dueña de infraestructuras, mientras empresas internacionales y nacionales ganan autonomía para extraer crudo, según El País. La deuda, las averías y la pérdida de personal marcan ese cambio.
Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha dejado de ser la operadora única de la producción de crudo en el país. Según una crónica de El País firmada por Alonso Moleiro, los acuerdos petroleros anunciados hace dos meses por los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela abren la puerta a que el capital extranjero asuma directamente la extracción, y formalizan el fin de la tutela operativa de la estatal sobre esa actividad y sobre el refinado.
El marco legal es la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada tres semanas después del ataque militar estadounidense del 3 de enero de 2026. Según el diario, la reforma concedió un periodo de 180 días para adecuar los términos del régimen anterior, en el que el Estado se asociaba con empresas internacionales en convenios mixtos y conservaba la mayoría accionaria. Con la reforma en vigor, las compañías internacionales y nacionales que operan en el país ganan autonomía para actuar por su cuenta.
PDVSA mantiene operaciones en varios campos, pero ejerce sobre todo funciones de contratante, titular de activos como refinerías y oleoductos, socio e interlocutor del Estado. Antero Alvarado, socio principal y director de Gas Energy Latin America, explicó a El País que en campos donde la compañía operaba sola ha buscado socios privados y que su rol es ahora más pasivo. Según Alvarado, los Contratos de Participación Productiva se firman sobre campos y oleoductos que siguen siendo propiedad de PDVSA, y la empresa cobra a los privados por el uso de esa infraestructura.
La crónica recoge cifras del deterioro de la compañía. Su producción apenas llega a 450.000 barriles diarios, frente a los tres millones que llegó a producir antes. Sus refinerías presentan averías crónicas y, según cálculos de analistas como Alvarado, su nómina ronda las 100.000 personas. Su deuda se estima en 34.000 millones de dólares, sin contar intereses vencidos ni obligaciones ligadas a litigios internacionales, que casi duplicarían esa cifra. La producción nacional total, que el presidente de PDVSA, Héctor Obregón, suele citar al reivindicar a la empresa, es de 1.200.000 barriles diarios.
El País recuerda que desde 2023 el Gobierno de Nicolás Maduro, mediante la gestión de su entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez, intentó rescatar la empresa con algunas inversiones y acuerdos con Irán para reparar refinerías. Los sueldos de la estatal, sin embargo, siguen rezagados frente a las ofertas de las multinacionales que llegan al país.
Ricardo Penfold, economista y asesor de bancos de inversión, afirmó que el país entra en otro modelo y lo calificó de «privatización de la industria petrolera nacional». Opinó que PDVSA podría consolidarse como promotora y fiscalizadora de los contratos con el sector privado, y que una reestructuración de su deuda y su acceso al mercado de capitales serán claves. Luis Oliveros, decano de Economía de la Universidad Metropolitana, citó a Nabegh, propiedad del empresario Alejandro Betancourt y bisagra del acuerdo energético con Estados Unidos, y a Chevron como empresas con perfil creciente. Según Oliveros, el papel de PDVSA en la producción seguirá disminuyendo a corto, mediano y largo plazo.
El economista Orlando Ochoa, en un estudio para la Universidad de Oxford citado por el diario, sostiene que el reto de la empresa es su rediseño institucional, con una orientación estratégica de la gerencia y supervisión estricta de contratos de largo plazo.
PDVSA no está privatizada, según resume la crónica, aunque el negocio petrolero sí lo está en la práctica. Obregón y Delcy Rodríguez, presidenta encargada, defienden los contratos firmados con capital privado y prevén que la cooperación con el sector privado devuelva la producción a sus niveles antiguos.